Bashar al asad y cómo trató a los kurdos
Executive summary
Bashar al‑Assad mantuvo una relación ambivalente y tácticamente variable con la población kurda de Siria: combinó décadas de discriminación y represión con episodios de retirada militar que permitieron autonomía de facto kurda, y después pragmáticos acuerdos y promesas —a menudo condicionadas por la guerra y la presión de actores externos— para reincorporar o negociar con fuerzas kurdas [1] [2] [3].
1. Una historia de marginación y episodios de represión
Las políticas del régimen de los Assad incluyeron discriminación sistemática contra los kurdos sirios —privación de ciudadanía, detenciones políticas y episodios sangrientos como las protestas de Qamishli en 2004 con decenas de muertos—, un patrón que continuó y se intensificó bajo Bashar tras su llegada en 2000 según varios análisis y testimonios [2] [1] [4].
2. Retirada táctica de 2012: permitir la emergencia de Rojava
En 2012, mientras el régimen priorizaba frentes como Alepo, las tropas sirias se replegaron de amplias zonas del noreste, lo que permitió al PYD y a sus Unidades de Protección Popular (YPG) controlar cantones kurdos y barrios en Alepo; esa ausencia fue interpretada por analistas como una maniobra para concentrar fuerzas y presionar a Turquía, más que una concesión política genuina [2] [5].
3. De la confrontación a la alianza táctica: pactos contra amenazas externas
Frente a ofensivas turcas y la retirada de apoyos occidentales en momentos clave, las milicias kurdas optaron por pactos temporales con Damasco para protegerse —un ejemplo fue el acuerdo de 2019 entre las FDS y el régimen para desplegar tropas sirias en la frontera—, un movimiento que comandantes kurdos justificaron como elección entre compromisos y la supervivencia del pueblo kurdo [6] [3] [7].
4. Promesas de ciudadanía y reconocimiento: gestos, no garantías
El régimen anunció en varias ocasiones medidas simbólicas como la concesión de ciudadanía a miles de kurdos y declaraciones de derechos culturales y lingüísticos; medios y comunicados oficiales han presentado estos pasos como avances, pero las fuentes señalan que a menudo fueron parte de acuerdos más amplios y no resolvieron en la práctica las profundas desconfianzas históricas [2] [8] [9].
5. El tablero cambia tras la caída de Assad: integración forzada y límites reales
Con la caída del régimen en 2024‑2025, el nuevo gobierno interino impulsó la integración de las instituciones kurdas en el Estado sirio y decretos que prometen derechos y ciudadanía a kurdos previamente marginados, mientras fuerzas gubernamentales recuperaron terreno en áreas kurdas; reportes advierten que estas integraciones se producen en un contexto de presión militar y negociación, y que la implementación práctica de autonomía y derechos quedó sujeta a condiciones y tensiones [8] [10] [9].
6. Interpretaciones y agendas: seguridad, propaganda y supervivencia
Las decisiones de Damasco han sido leídas tanto como represión continuada como pragmatismo táctico: unos analistas subrayan una política de asimilación y control por parte del Estado sirio, mientras otros ven en la relación una alianza de conveniencia ante amenazas externas (Turquía, ISIS, y cambios en la política estadounidense); los intereses de Moscú, Ankara, Washington y las élites locales también han moldeado cómo se trató a los kurdos, con agendas explícitas de securitización y negociación territorial que complican cualquier narrativa única [6] [11] [12].
7. Límites de la evidencia y lo que queda por confirmar
Los documentos consultados permiten trazar patrones claros —discriminación histórica, retirada estratégica, pactos defensivos y promesas formales de integración— pero no ofrecen un censo definitivo sobre la implementación de promesas como la plena ciudadanía o la autonomía real en cada localidad; por tanto, la evaluación final sobre si el trato de Assad cambió de fondo depende de verificaciones sobre la aplicación en terreno que no están cubiertas exhaustivamente por las fuentes disponibles [2] [8] [9].