Israel y el 11 de setiembre
Executive summary
La frase "Israel y el 11 de septiembre" se usa en dos sentidos distintos en el debate público: como analogía emocional y estratégica cuando israelíes comparan el ataque sorpresa del 7 de octubre de 2023 con los atentados del 11‑S de 2001, y como núcleo de teorías conspirativas que atribuyen vínculos secretos entre servicios israelíes y los autores del 11‑S; ambos usos tienen efectos políticos claros pero necesitan distinguirse cuidadosamente en la evidencia disponible [1] [2] [3] [4].
1. La comparación militar: "Nuestro 11 de septiembre" como marco interpretativo
Altos mandos israelíes describieron la ofensiva de Hamás del 7 de octubre de 2023 como "nuestro 11 de septiembre", usando la referencia a los atentados contra EE. UU. para transmitir la sorpresa operacional y la gravedad del impacto en la seguridad nacional israelí, y esa analogía fue recogida por medios internacionales como la BBC [1] [2].
2. ¿Por qué se recurre a 11‑S para hablar de 7‑O?
La comparación busca comunicar varios mensajes simultáneos: la sensación de vulnerabilidad tras un ataque masivo y coordinado, la justificación de respuestas militares y de seguridad más amplias, y una llamada a la unidad nacional en un momento de conmoción; comentaristas y analistas han señalado que invocar el 11‑S ayuda a enmarcar la narrativa como un punto de inflexión histórico, algo que medios como El País han vinculado a cómo los grandes atentados reconfiguran libertades y políticas de seguridad [5] [2].
3. Consecuencias políticas y sociales evocadas por la analogía
Al igual que el 11‑S en Estados Unidos facilitó leyes y prácticas de seguridad ampliadas, algunos observadores advierten, y publican medios lo reflejan, que calificar el 7‑O como "11‑S israelí" sugiere espacios políticos para restricción de libertades y medidas extraordinarias; esta comparación aparece en análisis editoriales que exploran cómo grandes atentados remodelan política interna y exterior [5].
4. Las teorías conspirativas que mezclan Israel y el 11‑S: origen y peso probatorio
Existe una tradición persistente de teorías que insinúan o afirman la implicación de Israel o del Mossad en los atentados del 11‑S; esas teorías han sido difundidas en libros y sitios web y se han documentado en trabajos críticos y enciclopedias, pero la documentación presentada en esas piezas no ha desplazado la conclusión dominante de las investigaciones oficiales sobre la autoría de Al Qaeda, y las fuentes que promueven esas tesis a menudo han sido identificadas como parciales o sensacionalistas [3] 11-S" target="blank" rel="noopener noreferrer">[6] [4].
**5. Contexto académico e internacional: cómo el 11‑S cambió el enfoque sobre Oriente Medio**
El 11‑S tuvo un efecto mesurable en la política internacional hacia la región, influyendo en la lucha contra el terrorismo, las guerras en Afganistán e Irak y el debate sobre políticas hacia Palestina e Israel; trabajos académicos y revisiones sobre la pos‑11‑S muestran que el atentado reconfiguró alianzas, prioridades de seguridad y discursos sobre la región, aunque no confluyen en una lectura única sobre causas profundas [7] [8].
6. Evaluación crítica y agendas implícitas
La comparación retórica entre ataques —ya sea 7‑O y 11‑S— y las acusaciones conspirativas sirven a agendas divergentes: gobiernos y militares la usan para legitimar respuestas de seguridad, medios la utilizan para contextualizar escala y trauma, y grupos que promueven teorías alternativas la explotan para socavar instituciones; al evaluar afirmaciones hay que distinguir entre analogía descriptiva y evidencia causal, y reconocer que algunas fuentes buscan influir políticamente más que aportar prueba [1] [5] [3] [4].