¿Qué testimonios y evidencias presentan exmiembros que afirman vínculos entre masonería y satanismo y cómo han sido evaluados por investigadores?
Executive summary
Exmiembros y autores han presentado relatos que vinculan grados altos de la masonería con prácticas esotéricas y satanismo, basándose principalmente en testimonios personales, libros confesionales y lecturas selectivas de rituales de alto grado; a su vez, investigadores académicos y periodistas han señalado que gran parte de esa evidencia procede de fuentes parciales, de panfletos históricos y de campañas antimasonas con motivaciones políticas o religiosas [1] [2] [3] [4]. El resultado es un corpus mixto: testimonios contundentes en lo personal pero frágiles para demostrar una relación institucional y probada entre masonería y satanismo según evaluaciones críticas [5] [6] [7].
1. Qué dicen los exmiembros: testimonios y formatos de evidencia
Los relatos de exmiembros aparecen en entrevistas, libros y artículos de opinión donde se afirma que en “altos grados” (especialmente el grado 33 o grados superiores del Rito Escocés) existen ritos o simbolismos que abren puertas al demonio o que son “abiertamente satánicos”; ejemplos citados incluyen declaraciones de exgrados 33 recogidas por el historiador Ricardo de la Cierva y por exmiembros como Serge Abad‑Gallardo, que relatan engaño inicial y revelaciones en grados superiores [1] [2] [5]. Esos testimonios a menudo afirman haber visto “planchas” —textos masónicos internos— o conexiones personales con figuras satánicas modernas como Anton LaVey, supuesto “hermano” en algunas versiones que habría fundado la Iglesia de Satán (afirmación reproducida por exmiembros en medios religiosos) [3].
2. Fuentes secundarias y mercados editoriales que amplifican los relatos
Muchos testimonios han encontrado eco en editoriales y medios confesionales o antimasones que publican libros y entrevistas —por ejemplo, obras como Masonería, Satanismo y Exorcismo de De la Cierva o entrevistas en ACI Prensa y Religion en Libertad—, generando material imprimible y reutilizable que refuerza narrativas ya circulantes [1] [2] [3] [8]. Esa cadena editorial actúa como verificador informal entre lectores afines y a su vez sirve a agendas religiosas y editoriales interesadas en demonizar a la masonería [9] [10].
3. El peso histórico del fraude y las campañas antimasonas
Los historiadores y periodistas recuerdan que el mito de la conexión masonería‑satanismo tiene raíces largas y demostradas en falsificaciones y campañas de desinformación, destacando el caso de Leo Taxil y la reutilización de esa farsa por regímenes o sectores integristas; investigaciones contemporáneas señalan que muchas acusaciones derivan de prejuicios políticos y religiosos más que de pruebas verificables [6] [4] [7]. Ensayos académicos y resúmenes históricos muestran cómo la asociación con “lo oculto” fue arma de persecución en siglos XIX y XX, reduciendo la credibilidad de afirmaciones no documentadas [11] [7].
4. Cómo evalúan los investigadores las pruebas de exmiembros
Los evaluadores críticos distinguen entre valor testimonial (un exmiembro puede relatar una experiencia personal auténtica) y validez general (si esos hechos prueban una política o doctrina masónica). Investigadores académicos y periodistas concluyen que los testimonios individuales no bastan para demostrar una conspiración institucional: la evidencia documental sólida que demuestre ritos satánicos sistémicos en la masonería es escasa o proviene de fuentes partidistas y libros de antimasonismo [2] [12] [7]. Medios de divulgación y la enciclopedia Wikipedia ubican las teorías contemporáneas dentro de un género conspirativo con antecedentes documentados de fraude [12] [4].
5. Agendas, conflictos de interés y por qué importa distinguir
Las voces exmasonas a menudo tienen motivos variados: conversión religiosa, repercusión mediática, interés editorial o represalias políticas, y muchas plataformas que difunden estos relatos —medios confesionales, editoriales conscientizadas— tienen interés explícito en desacreditar a la masonería; por ello los investigadores subrayan la necesidad de contraste: corroboración documental, acceso a rituales genuinos y análisis académico independiente [9] [10] [6]. Al mismo tiempo, la existencia de testimonios coherentes no debe descartarse automáticamente: exmiembros merecen registro, pero su testimonio requiere verificación contextual [5].
6. Conclusión: testimonios presentes, evidencia institucional ausente
La bibliografía y la prensa disponibles muestran testimonios reiterados de exmiembros sobre vínculos con satanismo en altos grados, difundidos por autores como Ricardo de la Cierva y medios religiosos que publican relatos confesionales [1] [2] [3]; sin embargo, investigadores históricos y periodistas críticos sitúan muchas de esas afirmaciones en la estela de campañas antimasonas y fraudes como el de Taxil, concluyendo que no existe evidencia documental independiente y robusta que verifique una conexión institucional y generalizada entre masonería y satanismo [6] [4] [7].